Química entre nosotros – Resumen

Química entre nosotros

de Larry Young y Brian Alexander

El libro comienza exponiendo la hipótesis organizativa. Esta expone que el feto, durante su desarrollo, es, de base, «femenino». Y que durante la gestación se va configurando según las hormonas que reciben y fabrican. Es decir, que, por ejemplo, un feto XY estaría «configurado por defecto» como femenino y se iría masculinizando por el efecto de los andrógenos.

Durante la gestación se asiste con diferentes dosis de hormonas y eso va configurando la identidad de género. Que no es simplemente una construcción social. La identidad de genero así como la orientación sexual son determinadas por las acciones interrelacionadas del cerebro gestante y en desarrollo y las hormonas sexuales durante dicho proceso.

Por otro lado, la química del deseo viene configurada por las hormonas sexuales. En las mujeres, el deseo sexual, suele elevarse antes de la ovulación dependiendo de las descargas hormonales. La ovulación (y un poco antes y después) es el único momento donde la mujer puede quedarse embarazada. Es un momento corto dentro del ciclo entero, pero el cerebro sabe esto y se sirve de las hormonas para generar este deseo sexual para que el óvulo no se desperdicie (desde el punto de vista reproductivo). Por ello, durante la ovulación, el cerebro, de forma inconsciente, prioriza aquello que puede ser más válido para la supervivencia y reproducción. El córtex es inundado por las hormonas y deja de ser un «cerebro racional», simplemente es guiado y focalizado hacia el problema reproductivo.

El deseo sexual en los hombres suele ser más constante. No suelen ser muy selectivos y esto, explican, pasa porque los espermatozoides son muy abundantes y las hormonas no tienen este ascenso y descenso brusco dependiendo de un ciclo. Al no saber, evolutivamente, cuando se iban a encontrar con una hembra en celo siempre tenían que estar preparados. Además, los hombres son capaces de detectar el celo de una mujer que está ovulando (de manera inconsciente) y modifican su conducta acercándose a ella y alejando a los demás hombres de ella. Tanto hombres como mujeres cambian la conducta ante este periodo fértil reproductivo.

Asimismo, durante la relación sexual se activa el sistema de recompensas del cerebro. Todos nos vemos influenciados por este sistema y a causa de este desarrollamos (o podemos desarrollar) preferencias y predilecciones. Estas crean en nosotros anhelos y ansia que debe ser satisfecha. Generalmente sucede que cuando tenemos algunas relaciones con una persona concreta y disfrutamos de orgasmos, cualquier otra nos valdría para poder reproducirnos, pero ahora tenemos predilección por esta primera. Es un complejo sistema que inicia las relaciones de apego. Uno de los complejos mecanismos que producen que se desarrolle el amor.

A continuación los autores exponen las causas y consecuencias de las relaciones de apego madre-hijo. La oxitocina genera en las madres el deseo de cuidar y mimar a sus hijos. Y esta crianza y mimo genera en los hijos seguridad, selectividad en las relaciones y seguridad emocional y afectiva. Cosa que los hijos que no tenían esto solían ser menos selectivos, más inseguros y más ansiosos. Es decir, que la oxitocina y todo el circuito hormonal dependiente ayuda a la formación y consolidación de la conducta social, afectiva y sexual de la prole. Es a través de la madre como un bebé obtiene la idea de como es el mundo y que esperar de él.

Y, a través, de este vínculo madre-hijo, se ha desarrollado, evolutivamente, una adaptación para establecer un vínculo con la pareja. Ya que los humanos son la única especie que realizan el acto sexual cuando no hay posibilidad de fertilidad (es decir, no solo son sexualmente activos durante la etapa fértil y la fase de descarga de hormonas), se ha adaptado este vínculo para poder desarrollar relaciones más profundas y duraderas. La oxitocina facilita e inicia el circuito del amor, pero no basta con una solo dosis. Es necesario unas cuantas dosis y en óptimas condiciones.

Al igual que este vínculo se desarrolló para poder generar este circuito del amor en las mujeres, para los hombres se adaptaron los sistemas que originalmente evolucionaron para controlar el comportamiento territorial. Es decir, que para una mujer, un hombre, es su chico y para un hombre, su mujer, es una prolongación de su territorio. El comportamiento afectivo y sexual está íntimamente relacionado con estos circuitos neuronales y desempeñan un papel fundamental en estos.

El sistema de recompensas que antes hemos comentado es el que influye en el amor. De la misma manera que influye en la adicción a las drogas. El sistema dopaminérgico es el que nos motiva a realizar ciertas acciones. El amor es una adicción. Asociamos sensaciones agradables cuando aparecen algunos estímulos concretos y una vez han quedado establecidos, el córtex prefrontal (el cerebro racional) queda silenciado. Ahora solo podemos focalizarnos en cubrir nuestros deseos y apetitos. Eso hace que nos centremos en una sola pareja y podamos aunar esfuerzos. Los autores exponen que la monogamia es buena para la salud. Se vive más y con mayor salud.

Finalmente, los autores, acaban haciendo una reflexión social y política, y planteando algunos puntos controvertidos sobre los asuntos tratados en el libro.

Young, L., & Alexander, B. (2014). Química entre nosotros. Alianza Editorial.

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